Un argumento tradicional para continuar dependiendo de los combustibles fósiles en comparación con sus alternativas renovables ha sido su alto rendimiento energético en la inversión de energía. Es decir, la proporción de cuánta energía produce una fuente en comparación con la cantidad de energía que se necesita para extraerla.

Para el petróleo, el gas y el carbón los ratios estimados de retorno de la inversión de energía (EROI) se han calculado en relaciones de 25 a 1, lo que quiere decir que aproximadamente un barril de petróleo sirve para extraer unos 25 barriles. Por su parte, las energías renovables a menudo tienen relaciones estimadas mucho más bajas, por debajo del 10 a 1.

Sin embargo, un estudio reciente del Instituto de Sostenibilidad de la Universidad de Leeds (Reino Unido) ha hecho un cálculo del EROI del petróleo tomando una muestra de tiempo de 16 años e incluyendo los requisitos de energía que le toma al consumidor conseguir el producto del petróleo procesado para su uso comercial. Ha llegado a la conclusión de que las proporciones son mucho más cercanas a las de las energías renovables, e incluso más bajas, llegando a ser de hasta 6 a 1, y 3 a 1 en algunos casos.

El estudio advierte que el aumento de los costos energéticos para la extracción del crudo y para el refinamiento de combustibles fósiles, sumado a los crecientes riesgos geopolíticos que generan, hará que las proporciones del los ratios continúen disminuyendo, empujando los recursos energéticos hacia un “precipicio de energía neta”, es decir, cuando la energía neta disponible para la sociedad disminuye rápidamente debido a las crecientes cantidades de energía “extra” requerida para la producción de energía.

El coautor del estudio, el doctor Paul Brockway, experto en modelos de economía de la energía en la Escuela de la Tierra y el Medio Ambiente en Leeds, señala que ha habido un “error” al calcular el EROI de las fuentes no renovables solo tomando en cuenta la energía requerida para su extracción, y no incluir la necesaria para su refinación, protección y distribución global. Según él, esto ha dado una impresión engañosa de que poseemos más tiempo del que realmente tenemos para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

En la muestra de tiempo estudiada, el EROI del petróleo se ha reducido un 23%, lo cual demuestra una preocupante tendencia que apunta hacia restricciones en la energía disponible para la sociedad, en el no tan distante futuro, debido a la merma de las fuentes de estos recursos no renovables, el aumento de los costos de su procesamiento, y la defensa y distribución global del producto refinado. La infraestructura renovable, aunque de una alta inversión inicial, una vez construida, ayudaría a que el rendimiento de la inversión en energías renovables aumente.

Estos factores deben ser considerados para futuras decisiones de inversión en energía, pública y privada, como una clara tendencia observable, y como una necesidad para evitar el colapso total de la sociedad energética. Esta inversión no solo serviría para cumplir con los compromisos de mitigación del cambio climático, sino también para garantizar que la sociedad siga teniendo acceso a la energía que necesita.