Tecnología en sector inmobiliario_Danilo Diazgranados

Las estructuras de construcción han ido evolucionando en función de las necesidades que han ido creando para sí los seres humanos. Han sido más o menos sofisticadas, dependiendo de las tecnologías disponibles en la época y del poder adquisitivo de las personas para incluirlas en sus espacios vitales.

Hoy estamos viviendo un proceso de transformación causado por una pandemia que ha generado cambios drásticos en nuestra manera de vivir y de usar nuestros espacios, especialmente nuestras viviendas. Ahora, pasamos mucho más tiempo en nuestras casas. En principio, para mantenernos a salvo del COVID-19. Pero cuando este virus deje de ser tan nocivo y letal, quedarán hábitos que hemos descubierto y adoptado. 

Esos hábitos han provocado una aceleración de la tendencia, que ya existía, hacia la arquitectura sostenible, la que garantiza la eficiencia del funcionamiento del edificio a la vez que respeta el planeta y a las personas. En ella, la incorporación de la tecnología a la construcción ha multiplicado su importancia, también para la inclusión de otras cuyo uso dentro de los espacios permite ofrecer mayor bienestar a los inquilinos.

En medio de este panorama, el WELL Building Institute, institución que se encarga de  crear y certificar espacios que promuevan la salud y el bienestar para los humanos, está trabajando en desarrollar un tipo de infraestructura que apoya y promueve la combinación de comodidad y salud, sin por ello excluir el concepto de sustentabilidad y funcionalidades adaptativas para sus ocupantes. Para esto, han seleccionado siete aspectos básicos que se deben contemplar a la hora de diseñar y construir un hogar: aire, agua, luz, nutrición, estado físico, comodidad y mente.

Para alinearse con esos ejes, los diseñadores y constructores incorporan, por ejemplo, soluciones llamadas a reducir las emisiones de CO2 que se producen en los hogares. Forman parte de esta tendencia el uso de paneles solares, la incorporación de sistemas de ahorro de agua, el diseño de sistemas de tratamiento de residuos, la instalación de ventanas de forma que se aproveche al máximo la luz natural y la utilización de materiales de construcción como las fibras vegetales, bioplásticos o incluso los autorreparables a base de bacterias.

Cada uno de estos aspectos se asocia con la tecnología para crear casas más avanzadas y de mayor confort. Nuestro hogar ya no es solo una construcción física donde nos protegemos de factores externos, mayormente durante las noches. Ahora es el lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo. Y, cuando la pandemia se dé por finalizada, también pasaremos mucho tiempo en él, lo que obliga a tener que adaptarlo para armonizar tres ejes fundamentales de la vida: el trabajo, el ocio y la familia. 

Y ahora viene la otra parte de la tecnología incorporada a la construcción. Esos tres ejes están cada día más relacionados con el uso de la tecnología, al punto de que ahora las viviendas se vuelven más inteligentes y tienen la capacidad de, incluso, aprender y adaptarse al comportamiento de sus usuarios. El diseño se optimiza acorde a las funcionalidades de los dispositivos del hogar que están conectados a Internet, como la iluminación, cámaras de seguridad, electrodomésticos de la cocina, ya sea de forma remota o directamente en el sistema. 

Esta transformación de la industria de los bienes raíces implica un cambio en las condiciones y modelos de inversión, y de compra y venta. La generación de nuevas viviendas depende de la demanda y, actualmente, los posibles compradores están enfrentando una reducción de liquidez. Por tanto,  será importante que los inversionistas desarrollen nuevos modelos de negocios tomando en cuenta su materialización en un horizonte temporal a medio-largo plazo.