¿Los criterios ESG aumentan el valor de la empresa?

Cuando se habla de inversiones ESG, se refieren a las que consideran factores ambientales, sociales y de gobernanza, en conjunto con factores financieros, en el proceso de toma de decisiones para invertir. Actualmente, como inversionistas nos enfrentamos a nuevos factores de riesgos que nos conducen a repensar los enfoques de inversión. Por ejemplo,  están los desafíos de la sostenibilidad global en todas sus variantes, como también los cambios demográficos y las presiones regulatorias. 

De esta manera surgen − y crecen anualmente − las inversiones ESG, que se basan en tres ejes de acción: inversiones temáticas o que integran criterios ESG en sus carteras; inversiones alineadas con los valores y las creencias morales de una organización o individuo; inversiones de impacto que buscan congeniar beneficios sociales o ambientales positivos con un rendimiento financiero.

Por ende, si estás pensando en realizar inversiones con enfoque en los criterios ESG, debes responder preguntas como:  ¿cuánto contribuye la empresa en cuestión al impacto medioambiental? ¿Qué acciones realiza − o deja de realizar − para reducir la emisión de dióxido de carbono? ¿Cómo mejora el impacto social? Y así podríamos seguir con un sin fin de preguntas más, todas ellas ligadas a la adopción de criterios ESG al momento de invertir.

Por supuesto, como en todo lo que es una tendencia, existen casos en los que las inversiones ESG, lamentablemente, pueden caer en la trampa de una construcción meramente discursiva por parte de algunas empresas. Por esta razón, el gran desafío para los inversores radica en identificar cuándo el abordaje ESG de la organización en la que desea invertir es parte de una definición estratégica, y no un simple discurso de marca o acción de marketing, lo que se conoce en la jerga como greenwashing, que impide ver y abordar el problema real.